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viernes, 8 de marzo de 2024

- Kyber Pass (Afghanistan-Pakistan)


El paso Khyber  conocido como KhaiberKhaybar o desfiladero Khyber es un paso ubicado en la cordillera Spīn Ghār en la frontera entre Afghanistan y Pakistan.

Con cerca de 53 km de largo, fue históricamente el punto de mayor acceso para las invasiones del subcontinente Indio desde el noroeste. Fue cruzado por los persas, los griegos, los mogoles y los afganos desde el norte, y por los británicos desde el sur. Los pashtun afridis del área del Jáiber resistieron por mucho tiempo al control extranjero, pero durante la Segunda guerra anglo-afgana en 1879, las tribus del Jáiber cayeron bajo dominio británico. Actualmente la zona es controlada casi enteramente por Pakistán.

La ruta principalmente es utilizada para comunicar la ciudad de Kabul con la ciudad de Peshawar. La zona es de mayoría pastún, y el paso era relativamente seguro antes de la guerra de Afganistán del 2001, ​ ya que era vigilada por hombres de las tribus locales pagados por el gobierno, y ya que los crímenes cometidos contra viajeros estaban sujetos a castigos colectivos. Después de la guerra, los Talibanes se apoderaron de la región, obligando al ejército pakistaní a cerrar la vía de comunicación cada vez con más frecuencia, en oportunidad de las reiteradas ofensivas miliares, y mientras que la OTAN buscaba otros pasos alternativos, fundamentalmente desde Rusia o desde el Asia central, para aprovisionar a las fuerzas de paz.

La habitual ruta de los hippies para ir al Norte de la India es: Teheran, Herat, Kandahar, Kabul, Peshawar y Lahore, camino de Delhi, en la India.

PAKISTAN

Ruta por carretera más corta desde Kabul a Lahore, pasando por el Khyber Pass y llegando a la ciudad de Peshawar; la distancia es de 694 Km y la duración aproximada del viaje de 9h 15 min.

Te acostumbrarás a las carreteras de montaña – Muchas carreteras de montaña son de miedo, ya que son extremadamente estrechas y bordean precipicios de más de 1,500 metros. Que no cunda el pánico. ¡Te vas a acostumbrar!

Aprenderás a ser paciente – En casi todos los viajes largos en autobús que tomé, sufrimos alguna que otra avería. A menudo, estuvimos parados durante más de horas. En una ocasión, fue porque el bus se quedó sin gasolina… ¿Te lo puedes creer?

Los camiones psicodélicos son una forma de vida – Los camiones en Pakistán están decorados de una manera tan particular que son una bendición para tus ojos.

Maneras de moverse por Pakistán

Buses y minibuses circulan a todas artes – Como en todo país subdesarrollado cuyos habitantes no se pueden permitir comprar un coche, el transporte público llega hasta el lugar más remoto. En las provincias de Sindh y Punjab, Daewoo es el autobús más lujoso. Para viajar de Gilgit a Islamabad, deberías coger NATCO VIP Bus (17$).

Tren – En las provincias de Sindh, Punjab y para ir a Peshawar, se puede viajar en tren. Hay diferentes compañías de trenes, pero siempre deberías viajar en la compañía privada, ya que sufren menos retrasos. Reserva billetes para AC Standard, que es la que usan los pakistaníes de clase media. No es caro, no huele mal y es lo suficientemente cómodo.

Hacer autoestop es demasiado fácil – Es tan fácil y rápido que a menudo resulta mucho más práctico que viajar en transporte público, especialmente en la Karakoram Highway (desde Gilgit a Khunjerab Pass). Todo el mundo querrá recogerte.

Te vas a enfermar..

No conozco a nadie que no se haya enfermado en su viaje a Pakistán. Evita las ensaladas (las lavan con agua del grifo), los puestos de comida con infinitas moscas y no bebas del grifo. Uno de los “trucos” que te pueden pasar es que te enfermes bebiendo una bebida embotellada (ejemplo, una Coca Cola…) debido a que alguien la pudo haber abierto, mezclado con agua del grifo y vuelto a cerrar poniendo una pajita para beber en la chapa de la bebida (a mi me pasó en la estación de Peshawar, esperando el tren a Lahorae) y la diarrea que me dio fue espantosa…

Recuerda que en Pakistán necesitas amigos – Pakistán no es lugar fácil por el que viajar. Desde reservar autobuses hasta conseguir permisos, los amigos son cruciales en un país en donde las reglas no están escritas. El Karakoram Club es un lugar genial para hacer amigos. En las grandes ciudades, especialmente en Lahore, Islamabad y Karachi, Couchsurfing es ampliamente usado. Ambos sitios me han ayudado inmensamente.

Testimonio de un periodista viajero en su bicicleta, por esta parte del mundo:

Estas carreteras estaban llenas de gente mientras nos dirigíamos de Kabul a Pakistan, enormes camiones subiendo con dificultad los vertiginosos pasos de montaña, jóvenes al volante zigzagueando peligrosamente dentro y fuera de los carriles atestados, minifurgonetas y taxis atestados con jóvenes familias a bordo, tomándose su tiempo con cautela. Ninguno de ellos se precipitaba hacia la frontera.

En comparación con antaño, este es un país que sigue teniendo un encanto caótico a pesar de la incertidumbre económica a la que se enfrenta. Atravesamos bazares escuchando a los vendedores que intentaban superarse unos a otros, vendiendo maíz recién asado, pescado frito, dulces, uvas, granadas y deliciosos panes “naan” largos y calientes recién salidos de los hornos.

Lo que estaba ausente en medio del bullicio eran las mujeres. Los talibanes les han advertido que se queden en casa, y muchas parecen haberles hecho caso. Solo en los lugares realmente rurales se veía a las mujeres, e incluso entonces solo unas pocas y en grupos”.

…”Todo perfecto, y el amigo de Haquím, un tipo amable, me ofrece té y me desea buen viaje. En general, los musulmanes son gente que se toma muy en serio la palabra dada; no ha sido la primera vez que dejo mis 'posesiones' en manos de un desconocido musulmán. En un par de días llego a Islamabad, con un tráfico que me parece el mismo infierno. 'Pocos lugares del mundo debe haber así' voy pensando, sin saber lo que me espera en India. Todo son alegrías en la capital pakistaní, donde me reencuentro con Daisuke y Álvaro. Parecemos tres cotorras contando aventuras de los últimos meses.

Tras unos días en la ciudad más aburrida de Asia, nos vamos juntos hacia Lahore, que de aburrida no tiene nada. Es un horror: una eterna nube de polución difumina los edificios, y no puede caber más tráfico. Si matriculan un 'rickshaw' más, se bloquea la ciudad. Insoportable, ruidosa, peligrosa para cruzar la calle, pero entretenida. Vamos a varias ceremonias, una danza sufí y el show de la frontera con India. La primera tiene lugar cada jueves en una extraña mezquita de las afueras. Bob Marley estaría como en su casa. La mezquita está llena de insólitos pakistaníes con rastas, que fuman porros sin cesar al ritmo de los tambores. Algunos de ellos hacen un canal con dos orificios en considerables zanahorias, colocan ahí la marihuana, y se fuman el invento entre movimientos de cabeza. Otros, los derviches, danzan en medio de la mezquita con descoyuntantes giros de cuello. Apenas se mueven, sólo el cuello, un incesante trance giratorio.
Y por fin dejamos Pakistán, el país que tira la piedra y esconde la mano; por mucho que su gente sea a su manera hospitalaria, con su eterna retahíla, 'ya ves, no somos terroristas, somos normales', fue un alivio cruzar la frontera.

INDIA

Al otro lado, descubro de nuevo a la mitad del planeta que llevo más de un mes sin ver: las mujeres. Saris de colores, pendientes y sonrisas. Otro alivio. Bienvenidos a la 'Incredible India'.

Hay mucha gente apasionada con la India, tal vez porque aquí se vive como un rey con trescientos dólares al mes. He conocido bastantes de ellos, a todos en un lugar turístico, por cierto. Ahora sé por qué otros amigos ciclistas me aconsejaron poner la bici en un tren y cruzar India lo más rápido posible. 
Entramos por el Punjab, la única carretera posible entre
Pakistán e India, pese a compartir una extensa franja fronteriza.
- ¡Ah, españoles! 'No más té, por favor, una servessa' -dice en español, el simpático oficial indio, jugando con el saludo hindi 'namasté'.
- Tranquilo trabajo el suyo, señor.
- ¡¿Tranquilo?! Ustedes son el número… ¡128! Hoy han cruzado 128 personas -contesta indignado. 
Son casi las cuatro de la tarde y han cruzado 128 personas por la única frontera entre dos países superpoblados… dice mucho acerca del afecto que se tienen. Y nos encaminamos a la ciudad inmediata, Amritsar, donde está el Templo de Oro, el lugar más importante para la religión Sikh. 

Amritsar:Templo de Oro, el lugar más importante para la religión Sikh. 
Haciendo honor a su nombre, el templo está recargado de oro por doquier. Algo ostentoso, pero quién va a objetar nada con semejante muestra de generosidad hacia el prójimo. Otra peculiaridad de la gente sikh es su eficacia en los negocios, suelen ser muy solventes, y asumen que parte de su riqueza debe ser donada a las ‘Gurduaras’ para su embellecimiento y para el cuidado de los peregrinos. Tal vez, son más conocidos por su aspecto: ni se afeitan la barba ni se cortan el pelo, que llevan dentro de un bonito turbante, como aquel personaje de 'El paciente inglés'. Allí pasamos un par de días. Algo importante que aprende cualquier nómada es a aceptar con humildad y agradecimiento la ayuda de la gente, una saludable cura contra el orgullo de rico occidental que piensa 'todo se ha de intercambiar mediante dinero'. Es bonito sentarse en el suelo con los peregrinos y los pobres, comer con ellos, o pasear alrededor del templo. Y la verdad, son gente divertida y amistosa. Tampoco tenemos muchas ganas de salir fuera, pues los indios son insoportablemente ruidosos. Todos los coches llevan detrás escrito 'Toca el claxon'... enloquecedor…

Donde hay poco tráfico y montañas es agradable, los indios son sonrientes y honestos. Donde hay tráfico… es insoportable. A cada minuto pido por un castigo divino que borre de la faz de la Tierra a este pueblo de asesinos al volante, y obviamente, debido a mi poca fe, no soy escuchado. No es que conduzcan mal o sin cuidado, no; son unos asesinos en potencia. Si alguien se asoma para adelantar, me ve y acelera pitando para que me tire a la arena o a donde pueda, yo no encuentro otro nombre. No es excepcional, sino constante.

Con los sikhs paro siempre que puedo, no sólo porque me dan de comer y dormir gratis, sino por la sonrisa y el cariño con que lo hacen. Disfrutan ayudando, y cuando estoy a salvo de la carretera lo paso bien con ellos, con su digno porte de caballeros de otro tiempo. Pero ciertamente, la India me desilusiona. Esperaba algo más que un extenso menú de cursos de yoga para curar problemas occidentales.” 

Ser turista consume mucha de mi energía, y dejo la romántica ciudad del lago Pichura para acudir a otro romántico asunto: mi enamorada me espera en Goa. Emprendo viaje directo al sur. Más de la India no turística, con sus maravillas y sus miserias, que sigue sin gustarme. País singular éste. No es tercer mundo, ni es rico. No es hospitalario, pero son amistosos y simpáticos. Es injusto, también caritativo. Y lleno de color, y de… ¡¡ruido!! aman el ruido. Lo que pita en mis oídos no es un gato al que torturan, ¡es una mujer cantando en una película de Bollywood!.

Nos quedamos en Arambol, una playa abierta al mundo donde se refugian los hippies de los sesenta que nunca encontraron el camino de vuelta a casa; donde se encuentran turistas, gente alternativa, rusos huyendo del invierno por una semana, vagabundos, buscadores de paz interior en el exterior, e incluso, ¡tres ciclistas! A la caída del sol, la playa es un zoo humano: gente que baila, gente tocando timbales, trompetas, guitarras, danzando con hula-hops, haciendo expresión corporal, meditando en la orilla, haciendo yoga, tai-chi, sectas en círculo con extraños rituales, personajes de aires misteriosos, hippies jóvenes, hippies de barbas blancas... un espectáculo. Mis simpatías se decantan por los entrañables seres de sonrisa cálida y ojos brillantes, ya arrugados, que contemplan las modas ir y venir con tolerancia y curiosidad, con su maravilloso lema 'vive y deja vivir' y su desapego al materialismo. 'Make love, not war', el mundo le debe bastante a los hippies.
Y yo, por primera vez en tres años, me debato entre finalizar el viaje y comenzar una familia. Si fuera sensato lo pondría todo en la balanza, ponderar es asunto de sabios. Pero vivir es asunto de locos, y elegir es un verbo alejado de la razón”. 
(testimonio de un periodista viajero)


jueves, 7 de marzo de 2024

- Conocer el Afghanistán

         

Afghanistán es un país misterioso y complejo para los occidentales, dada su cultura emanada del islamismo radical. En la década de los años 1970-80, Kabul tenía un facinante atractivo para los jóvenes hippie, un paraiso para fumar hierba... una ciudad situada en lo alto de la cordillera del Hindu Kush, acogedora para los occidentales en busca de nuevas emociones...


Puede ingresar por vía terrestre, bajo su propio riesgo. El paso más importante es el Khyber entre Peshawar y Jalalabad, por el que pasan algunos buses; sin embargo, el paso está restringido únicamente a afganos y pakistaníes y, aunque existen reportes de extranjeros que han pasado ocultos en un vehículo o sobornando a los guardias, no es para nada recomendable pues probablemente terminará en una cárcel si es descubierto. 

El paso entre Quetta y Kandahar, comunica con Pakistán por el sur. En ambos casos, el enfrentamiento con tropas talibanes es común y en muchos casos, algunos occidentales han sido asesinados o secuestrados, por lo que no se recomienda su uso. Los otros pasos (desde la iraní Mashad a Herat, desde Uzbekistán a Mazar-e Sharif y desde Tayikistán a Kunduz) no son mucho más seguros.

La Ring Road (oficialmente denominada A1) es una carretera en construcción de un carril por sentido que circunvala todo Afganistán uniendo sus 32 provincias y capitales más importantes. El objetivo de esta vía asfaltada es lograr que el país, que carece de salida al mar, pueda explotar su ventaja geoestratégica como encrucijada en las relaciones comerciales entre Asia Central y Sudeste Asiático.

La carretera, de unos 3.000 km de longitud, se inició en la década de los 60 del siglo xx con la ayuda de Estados Unidos, que financió el tramo entre Kabul y Kandahar. Tras la invasión soviética los rusos tomaron el relevo en su construcción. Desde entonces las sucesivas guerras y la falta de mantenimiento la degradaron enormemente.


Por tierra, existe una creciente red de transporte público entre las principales ciudades, utilizando buses, minivanes y taxis. La principal ruta es la que conecta Kabul y Mazar-e Sharif, que ha sido reconstruida en los últimos años y que se puede recorrer en unas 5 horas con relativa seguridad. La ruta cruza las montañas Salang y la cordillera de Hindu Kush. También puede arrendar un automóvil: un Toyota Corolla cuesta unos US$ 100 por el viaje de Kabul a Mazar-e Sharif.

Existen servicios de taxis, identificables por su color amarillo. Antes de partir, debe acordar el precio con el conductor, el cual será de aproximadamente unos Af 50 por cada 2 a 3 kilómetros. Para algunos caminos más complejos, puede arrendar un todoterreno y, si busca bien, puede encontrar alguno que hable inglés (puede conseguir alguno en el mismo aeropuerto de Kabul). Tenga en consideración que no hay muchas estaciones de servicio en el campo y que el combustible es bastante caro.

Las carreteras pavimentadas las puede contar con los dedos de la mano y ni siquiera están en buen estado, necesariamente. Muchas de ellas están cubiertas de polvo, que luego se convierten en barro tras la lluvia, por lo que debe tener cuidado al manejar.


Idioma En Afganistán, el pastún y el persa dari son las lenguas oficiales y las más habladas en el país. Muchos afganos hablan ambos idiomas. El dari es el idioma más hablado, siendo un dialecto afgano del farsi, siendo popular en Kabul, Herat, Mazar-e Sharif y la zona central del país. El pastún, si bien es hablado por menos gente, es el idioma principal de la etnia dominante del multicultural país, siendo utilizado en todo el sector fronterizo con Pakistán. Otras lenguas habladas en la zona norte son de origen túrquico, como el uzbeko y el turcomano.

El inglés está siendo cada vez más utilizado en el país, especialmente a nivel de gobierno. Algunas señaléticas ya están apareciendo en alfabeto latino (junto a los idiomas nativos) y se ha extendido la enseñanza de éste en las escuelas. Sin embargo, aún mucha gente (especialmente del interior del país) no domina el idioma, por lo que conviene andar con un guía afgano que sirva de traductor.

Compras: Probablemente, lo más famoso que puede comprar aquí son las alfombras. Existen diversos tipos de alfombras afganas según la etnia y zona donde se producen, destacando las baluchis de la zona sur del país y las turcomanas del norte. En general, las alfombras usan símbolos geométricos repetidos como patrón sobre un fondo de color, usualmente rojo. Aunque no son de un tejido tan fino como las que podría encontrar en Irán, muchas son de igual belleza y son notoriamente más baratas que las iraníes. 

Las alfombras baluchis son más pequeñas pues son más fácil de trasladar por las tribus nómadas; su tamaño que no supera los 2 metros las hace muy populares entre turistas. Las turcomanas, también denominadas Bokhara, son mucho más grandes y gruesas, siendo perfectas para instalar en un hogar. En el pasado, eran comunes las alfombras doradas, que se lograban destiñendo el rojo de las alfombras tradicionales, quedando así con tonos azules o negros sobre un fondo naranjo o dorado; esto se ha dejado de practicar para mantener la tradición y por el daño que produce a la tela. 

   mujeres en las calles de Afghanistan  años 1970's

Algunas alfombras pueden tener pequeñas imperfecciones, pero es algo natural del proceso de fabricación. Una alternativa algo más barata y liviana son los kilim que, si bien no durarán década como una alfombra, algunos están bellamente decorados y son buenas piezas de ornamentación.

Seguridad: Afganistán suele aparecer en la lista de los lugares más inseguros del mundo y con razón. Desde mediados de los años 1970, Afganistán ha estado en una sucesión de conflictos armados que no han parado y que probablemente no paren en el mediano plazo. Viaje sólo si es estrictamente necesario; pese a su belleza, el país está en mal estado y tendrá muchas dificultades que pueden arruinar totalmente su experiencia.

Gran parte del país está sumergido en batallas, bombardeos y otros enfrentamientos, aunque estos se concentran principalmente en la zona sur y este (a lo largo de la frontera con Pakistán). Los fundamentalistas del Talibán, el principal grupo armado, ha declarado uno de sus objetivos la captura de extranjeros, asesinando o secuestrando a muchos de ellos en el último tiempo. Evite los pasos fronterizos y entrar a cualquier provincia del sur para evitar cualquier problema.

Aunque la zona noroeste del país y Kabul son mucho más tranquilas, en cualquier minuto puede suceder un atentado o recrudecer los enfrentamientos. Manténgase atento a las noticias antes y durante su viaje. También tenga precaución al andar en una ruta si es que se encuentra con un convoy militar; si se acerca a éstos, intenta sobrepasarlos o sacarles una fotografía, pueden interpretarse como actos hostiles y abrirán fuego sin dudar. Más de 600 personas cada año son afectadas por minas antipersonales (muchas de ellas han muerto), por lo que siga rutas bien delimitadas, evite zonas con rocas pintadas de rojo o blanco ni mueva algún artefacto sospechoso. Si, pese a todo, insiste en viajar, contrate a un guía

                                  mujeres en las calles de Afghanistan  años 1970's

Otros peligros que puede encontrar son insectos o serpientes venenosas. Es común encontrar escorpiones o arañas que pueden dañarlo. Tenga cuidado con los alimentos y bebidas que ingiere, pues el nivel de higiene es bajísimo. La malaria sigue siendo un mal común en algunas zonas del país, al igual que la tuberculosis. A eso se suman otras dificultades como la contaminación atmosférica y la altitud de algunas zonas, que puede provocar malestar en algunos turistas. El sistema de salud es muy deficiente, por lo que es recomendable que lleve sus propias medicinas y un par extra de antinflamatorios y antidiarreicos.

Religión: El Islam es el principal agente unificador del multiétnico Afganistán. Más del 99% de la población es musulmana, de los cuales entre un 80% y un 85% son sunitas y el resto chiíta. Es un país extremadamente conservador y el Talibán, que es uno de los grupos fundamentalistas más extremos, aún ejerce una fuerte influencia en el país. Siga las costumbres locales y no se involucre más allá de la cuenta si es que quiere evitar problemas, especialmente en un lugar tan conflictivo como éste.

-Existen muchos lugares sagrados para el islam, como el mausoleo de Hazrat Ali. Respete las tradiciones, evite hablar en estos lugares y vista ropa adecuada.

-La sharia es la principal fuente de legislación, por lo que la homosexualidad está prohibida y los castigos van desde los azotes a la pena de muerte, siendo uno de los siete países en el mundo con dicho nivel de hostilidad hacia las minorías sexuales. Si usted es homosexual o transgénero, evite viajar a Afganistán. Tampoco puede beber alcohol, por lo que evite ingresarlo o consumirlo públicamente.

-Las mujeres tienen un rol menor en la sociedad y están obligadas a cubrir su cuerpo. Es recomendable que las turistas se sometan a a estos códigos si no quiere enfrentar problemas con la sociedad o la policía. En muchas partes es común el uso del burqa o chador, aunque en Kabul y Herat pueden usar un hijab más sencillo.

- Kandahar, segunda ciudad de Afghanistan

Kandahar (Kandahār) escrito a veces como Qandahar, es una ciudad de Afganistán, capital de la provincia de Kandahar. En 2002 la provincia tenía 886 000 habitantes, de los cuales vivían en la capital unos 316 000. Es la segunda ciudad de Afganistán y principal centro de comercio, especialmente para productos agrícolas. Posee un aeropuerto internacional y una extensa red vial. También está comunicada por vía terrestre con Quetta, en PakistánPeshawar y Kandahar son las principales ciudades del pueblo pastún.

La ciudad de Kandahar tiene sus orígenes en el siglo iv a. C., cuando Alejandro Magno renombra la antigua ciudad de Kapisa (capital de la región de Aracosia) como Alejandría de Aracosia. El nombre actual parece una evolución del nombre que le diera Alejandro (Alexandria > Iskanderiya > Kandahar), aunque también podría proceder del de Gandhara, un reino de la antigua India.

Durante la guerra civil de Afganistán, Kandahar fue mantenida bajo estricto control. Al retirarse las fuerzas soviéticas en 1989 el control de la ciudad cambió de manos en varias oportunidades. Desde 1994 el movimiento talibán se organizó en esa ciudad y de allí conquistó el resto del país.

Durante la ocupación estadounidense (2001-2008), Kandahar fue uno de los principales núcleos de la resistencia talibana que habían gobernado desde 1996 a 2001 y que en 2007 hicieron 140 atentados con 6000 muertos. El 17 de febrero de 2008 los talibanes mataron con un atentado suicida a 80 personas durante un espectáculo de pelea de perros, el más mortífero desde que matasen a 79 personas, mayormente escolares, en Baghlan en noviembre de 2007.

Kandahar, bastión histórico de los talibanes

El puritanismo más rancio y la violencia van de la mano en esta provincia del sur de Afganistán donde el mulá Omar fundó en 1994 la guerrilla yihadista que hoy domina todo el país (septiembre 2021):


  Mercado en la carretera que va de Kandahar a la provincia de Helmand. El carácter conservador de esta provincia se refleja incluso entre aquellos jóvenes más formados, que hablan idiomas y que no abrazan al nuevo régimen con los ojos cerrados. “Lo único que van a traer los talibanes es paz y pan”, afirma Sanaullah Momand, un licenciado en Administración Pública de 24 años que trabaja de administrativo en la universidad y que no cree que ese binomio sea suficiente para mantener la estabilidad a largo plazo.

  El nuevo delegado del Ministerio de Información y Cultura en la provincia, Noor Ahmed Sayed, defiende las ejecuciones en público porque las considera ejemplarizantes y se llevan a cabo bajo la 'sharía' (ley islámica).


  Tráfico en el entorno del paso fronterizo de Spin Boldak entre Afganistán y Pakistán. Las largas colas de camiones siguen protagonizando gran parte del tráfico en este paso fundamental en la ruta comercial que lleva desde Irán a la India. Eso incluye también el gran negocio del opio afgano.


  Un camión se dirige desde la ciudad de Kandahar hacia el paso fronterizo de Spin Boldak, que separa Afganistán de Pakistán. El jefe de las aduanas de Afganistán reconoció en 2010 a la agencia Reuters que los 40 millones de euros que se recaudaban en tasas aduaneras en la provincia de Kandahar eran solo la quinta parte de lo que debía llegar a las arcas públicas. La corrupción es “total”, denunció Bismullah Kammawie.

 

 

- Delfos y el Monte Parnaso

                           La Antigua Delfos es uno de los lugares más increíbles del país, además de ser uno de los mejores lugares que pue...